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Escrito por Lourdes Núñez
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Qui, 30 de Julho de 2009 13:59 |
América del Sur
Durante la última etapa de la investigación "Juventud Sudamericanas: diálogos para la construcción de la democracia regional", se reunió alrededor de 40 jóvenes de los seis países miembros del proyecto - Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay - en junio, en Río de Janeiro, durante el Grupo Diálogo Regional. La joven, Lourdes Núñez, integrante del Colectivo Árbol, Tevé Participativa y Video Comunitario, de Uruguai, habla en su artículo sobre la experiencia de participar en esta reunión y examina algunas cuestiones a seguir: como integrar las luchas de los jóvenes en América del Sur?; como incluyen los(as) jóvenes no organizados(as) en este proceso?; ¿qué estrategias deben utilizarse para garantizar los derechos de los(as) jóvenes?.
Vivimos en una sociedad que nos marca que lo más importante es el éxito individual y en la que cada vez pese al avance de la tecnología estamos cada vez más asilados. Se nos considera ya no como ciudadanos, simplemente consumidores. Los y las jóvenes somos especialmente vulnerados en nuestros derechos fundamentales: trabajo, educación, salud, vivienda, entre otros derechos fundamentales.
En nuestras sociedades donde la exclusión se naturaliza y se reproduce la intolerencia, los prejuicios sociales, los estereotipos juveniles que fomentan, entre otros actores los medios masivos de comunicación, es en la que participamos con el objetivo de generar cambios a nuestro alrededor.
La fuerza de la Diversidad
La diversidad es una de las características fundamentales del mundo globalizado del que somos parte, y especialmente de los y las jóvenes, donde la juventud ha pasado a tener una significación social diferente a la del pasado, ya no es sólo un momento de la vida sino que es hoy una condición histórica específica.
En el Grupo de Diálogo se notó desde un primer momento la diversidad, convirtiéndose el lenguaje en una barrera a la hora de comunicarnos: porque muchos no sabían portugués y además las diferencias en el español son notorias. En última instancia remite a un desconocimiento de las culturas y realidades de los países vecinos y de las juventudes de esos países - muchas veces sabemos más que pasa en lugares muy remoto y no en el país vecino -. Ese fue el primer obstáculo y el primer ejercicio al que nos enfrentamos. Luego vinieron las horas de debate en subgrupos, discutir y conocer la realidad política de escuchar la música soñar con un mundo más digno para todos y todas. Cinco dias muy intensos donde hemos convivido (compartiendo mate, tereré, cervezas), discutido e intercambiado ideas jóvenes desde Potosí a Montevideo: vivenciando que más allá de las dificultades, historia y condiciones sociales que atraviesan nuestros países tenemos mucho en común, más de lo que pensamos quizás.
Fue muy interesante uno de los debates que se dio en el plenario donde se planteó: ¿qué nos une más allá de los procesos de exclusión y dominación que son comunes a todos nuestros países? Nos unen esas ganas de transformar la realidad que nos rodea, pero el asunto está en qué caminos construimos y elegimos para generar cambios duraderos, que no abarquen sólo la lucha de mi organización o colectivo.
Ahí uno de los aspectos centrales: las juventudes que integramos en nuestros países están demasiado fragmentadas y por tanto no es mucho más difícil encontrar banderas, estrategias y una agenda temática común, pues los problemas a los que nos enfrentamos son los mismos.
Nudos: participación juvenil, relacionamiento con el Estado y articulación regional
Ahí las dos dimensiones en las que tenemos que seguir construyendo respecto a la participación juvenil y los espacio: desde nuestras organizaciones pero también necesitamos articular con otras organizaciones juveniles.
Pero no alcanza con una articulación entre jóvenes organizados, sino que se hace vital incluir a los y las jóvenes que se nuclean en grupos o colectivos sin una organicidad rígida y que muchas veces no se sienten atraídos a integrarse a un espacio de participación más formal, o que simplemente no pueden participar porque están luchando por hacer convivir estudiar y trabajar y muchas veces están criando a sus hijos y no pueden ocupar dichos espacios.
Y aquí otro actor que está desacreditado por los procesos económicos y políticos: el Estado. Un/os Estados que debe hacerse cargo de garantir el cumplimiento de esos derechos fundamentales para todos y todas, especialmente aquellos que más lo necesitan, los que están excluídos en el más amplio sentido de la palabra. Y esa exclusión duele y lamentablemente nos une como sudamericanos, caminando por las calles de Río vemos a niños, niñas y adultos que realmente sobreviven en condiciones totalmente indignas.
No es posible seguir mirando para el costado como si no pasara nada. Sino qué mundo nos espera en unas décadas... no sólo a nosotros sino a los que están naciendo. En este sentido, creo que también nos une esas ganas de seguir creyendo en el cambio, en la esperanza de que las cosas tiene que andar mejor por el bien de todos.
En el subgrupo surgió una palabra que encauzó nuestra discusión y fue SOLIDARIDAD -que trascienda nuestro grupo o frontera-. Como mencionaba Leo (Brasi) en el subgrupo si queremos cambiar nuestra realidad tenemos que ceder algún privilegio propio (individual, local, gubernamental ) o sumarnos a una causa o lucha que no nos involucra directamente. Aún estamos lejos de ese momento, pero que importante fue poder discutir ese aspecto en el grupo.
Pero no sólo necesitamos visualizarlos sino realizar acciones en pos de la lucha por garantir esos derechos fundamentales no sólo para los y las jóvenes sino para la sociedad toda. En esto de considerarnos como actor social que tiene que relacionarse y articular con otras organizaciones que luchen por alcanzar esos derechos. Sino quedaremos presos de nuestra propia retórica. Y eso no cambia nada.
Creo que en estos cinco días compartidos ampliamos la mirada. Y eso no es poca cosa. Aprendí mucho de los compañeros y compañeras de Bolivia y Paraguay y creo que tenemos una deuda los jóvenes urbanos con los rurales, porque muchas veces no les damos el espacio para que participen y aporten su punto de vista, tanto en la discusión plenaria como en los subgrupos.
Luego de esos intensos debates que mantuvimos durante dos jornadas salimos fortalecidos, reafirmando nuestra convicción de que no sólo Otro Mundo es Posible sino que es NECESARIO seguir articulando para generar cambio.
En cuanto a estrategias, es vital poder construir espacios donde integrantes de organizaciones juveniles muy diversas (de las más tradicionales: sindicatos, centros de estudiantes a grupos de hip hop, teatro, colectivos que fomentan procesos de transformación mediante el video comunitario) intercambien saberes, experiencias entre sí. Sabemos como bien dijo Leo (Brasil) no "bastan las salidas individuales la transformación tiene que ser COLECTIVA".
Pero el Primer escalón para generar cambio se da "a partir del momento de que los sujeto reconoce su realidad y la capacidad de poder transformarla aquí y ahora". El objetivo del proceso es poder liberar de la opresión a los que la sufren", dice Ana Karine, de Movimiento Sin Tierra, de Brasil.
Pero primero es necesario que perciba mi realidad y luego puedo construir alternativas, participar y articular con las demandas de otros para transformar esa realidad para todos. Nuestro rol está dado en llegar a los que no pueden reparar en esas contradicciones.
La belleza en las palabras de la compañera de Brasil, Ana Karine, también me hicieron pensar en que realmente esa discusión posibilitó que nos identificáramos fuertemente llegando a trascender nuestras diferencias, pues en definitiva los valores que nos sustentan son los mismos. Aunque sabemos que nos queda mucho camino y muchas luchas por delante.
Lourdes Núñez, Integrante del Colectivo Árbol, Tevé Participativa, Montevideo-Uruguay
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